Cocoon

Ella no se cubre: se gesta.


El cuerpo aparece primero, vulnerable, inclinado, casi plegado sobre sí mismo.
Luego llega la materia. Ligera. Translúcida.
No impone forma: acompaña.
Capa a capa, la mujer se envuelve como quien aprende a habitar su propio tiempo.
Las transparencias se superponen y el blanco se intensifica, no por ocultación, sino por suma. Cada estrato es memoria, respiración, pausa.
La mujer–capullo se mueve entre la resistencia y el abandono.
Se encorva, se expande, se eleva.
El material la rodea como una segunda atmósfera: flexible, orgánica, casi viva.
No hay armadura ni disfraz.
Hay tránsito.
El vestido no protege del mundo: construye un lugar dentro de él.
Cuando el capullo se completa, no hay cierre definitivo.
Solo un cuerpo transformado,
habitado por sus propias capas.