



La pieza expresa una experiencia, una transmisión para llevar, quizás, hasta un recuerdo.
Paisaje en blanco fue expuesto en la XXIX muestra colectiva de Isabel de Aragón, Reina de Portugal. Juega con una idea abstracta y pictórica; en la lejanía es una masa que el observador ajusta e interpreta conforme se acerca a la obra. El bordado aquí, se convierte en parte de la pintura.
La composición es una mancha difuminada en capas que se crea desde salpicaduras de pintura acrílica gris sobre el tejido de algodón donde, a su vez, asientan puntadas de bordado de hilo en punto de arroz. Es un bordado mayoritariamente conformado por agrupaciones de canutillos largos, rematados en su parte superior por mostacillas estrechas. Los abalorios son negros y gris antracita en terminaciones brillantes y metalizadas; captan la luz sobre el fondo textil mate, en blanco, y la pintura gris, algo apagada.
La morfología y disposición de los cristalillos se repiten para equilibrar la mixtura técnica, pero los abalorios negros quedan dispuestos masivamente en el centro, mientras la composición se expande hasta desvanecerse con los de color antracita y continúa desdibujándose hasta que se extingue en los márgenes.
El resultado volumétrico es una explosión espontánea. Lo más vibrante en ella son los reflejos metalizados, debido a la opacidad del cristal. La obra puede figurar un microcosmos o un paisaje (terrestre, celeste o galáctico), un documento cartográfico, una brecha, una cicatriz o una herida, una raja con su grieta; puede ser mancha, suciedad, superficie y textura.
