



La obra está sujeta a la variación, al devenir, a la experiencia y memoria variables. Se le intuye arremeter contra uno mismo y deslocalizar a quien la observa.
Paisaje en negro (2022) es una experimentación como la de Paisaje en blanco, pero se han invertido los colores, aquí el blanco se aplaca. Es una brecha, una vista o paisaje entre el mar y la costa que se otea, espuma marina, naturaleza indómita, emoción, sugerencia. Es de nuevo un campo de fuerzas, una estructura abierta donde la forma permanece inestable, pero donde emana la vida.
Extraordinariamente matérica, la vida emerge de un punto de cadeneta como pólipos de un arrecife en lugares indómitos y aún sin explotar. Parte de un tejido de loneta de algodón en negro con pintura acrílica blanca, al que se aplicaron hilos de bordar distintos para componer una trama gruesa, puntadas salpicadas y multitud de canutillos y mostacillas. Los abalorios, en blanco mate, componen un bordado tridimensional.
